El
resumen incluye el ARGUMENTO GENERAL de Fernando de Rojas y los sumarios
que aparecen en las ediciones antiguas, seguidos de un resumen de la
acción de cada uno de los 21 actos.
ARGUMENTO
GENERAL de
toda la obra
Calisto fue de noble linaje, de claro ingenio, de gentil disposición, de linda criança, dotado de muchas gracias, de estado mediano. Fue preso en el amor de Melibea, muger moça, muy generosa, de alta y sereníssima sangre, sublimada en próspero estado, vna sola heredera a su padre Pleberio, y de su madre Alisa muy amada. Por solicitud del pungido Calisto, vencido el casto propósito della entreueniendo Celestina, mala y astuta mujer, con dos seruientes del vencido Calisto, engañados y por ésta tornados desleales, presa su fidelidad con anzuelo de codicia y de deleyte, vinieron los amantes y los que les ministraron, en amargo y desastrado fin. Para comienço de cual dispuso el aduersa fortuna lugar oportuno, donde a la presencia de Calisto se presento la desseada Melibea.
AUTO I
Sumario: Entrando CALISTO una huerta empos de un falcon suyo, hallo alli a MELIBEA, de cuyo amor preso, comenzole de hablar; de la cual rigurosamente despedido, fue para su casa muy angustiado. Hablo con un criado suyo llamado SEMPRONIO, el cual, despues de muchas razones, le enderezo a una vieja llamada Celestina, en cuya casa tenia el mismo criado una enamorada llamada ELICIA, la cual, viniendo SEMPRONIO a casa de CELESTINA con el negocio de su amo, tenia a otro consigo llamado CRITO, al qual escondieron. Entretanto que SEMPRONIO estaba negociando con CELESTINA, CALISTO estaba razonando con otro criado suyo, por nombre PARMENO; el qual razonamiento dura hasta que llega SEMPRONIO y CELESTINA a casa de CALISTO. PARMENO fue conocido de CELESTINA, la cual mucho le dice de los hechos y conocimiento de su madre, induciendole a amor y concordia de SEMPRONIO.
Resumen:
En
esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
Con estas
palabras saluda Calisto a su deseada Melibea, quien, según el Argumento
General de Francisco de Rojas, se presentó a Calisto en un conveniente lugar.
Calisto, en esta aparición de Melibea, le revela su amor. Melibea parece
rechazar sus insinuaciones. Acto seguido, Calisto, desde su cámara, llama a
voces a Sempronio, su criado, y le increpa malhumorado. Sempronio y Calisto
arguyen sobre el amor y el dolor que el amor suele traer consigo. Para Calisto,
Melibea es su diosa:
por
Dios la creo, por Dios la confieso y no creo que ay otro soberano en
el cielo; aunque entre nosotros mora.
Más que
cristiano, se confiesa melibeo:
Melibeo
soy y a Melibea adoro y en Melibea creo y a Melibea amo.
Por su parte,
Sempronio se compromete a cumplir los deseos de su amo:
Con
todo, si de estos aguijones me da, traértela he hasta la cama.
Para
conseguirlo, decide solicitar la ayuda de Celestina, una vieja alcahueta.
Sempronio va a la casa de Celestina donde encuentra a Elicia, una joven
prostituta, amiga suya. Sempronio convence a Celestina a tener confianza en él
y seguirle a la casa de Calisto donde ellos ambos van a conseguir provecho y
ganancias. En el camino,no, Sempronio le explica a Celestina la dolencia de
Calisto. Pármeno, otro criado de Calisto, ve a los dos acercarse a la puerta y
amonesta a su amo sobre la puta vieja, a la que conoce bien todo bicho viviente:
Si
pasa por los perros, aquello suena su ladrido; si está cerca las aves, otra
cosa no cantan; si cerca los ganados, balando lo pregonan; si cerca las bestias,
rebuznando dicen ¡puta vieja! Las ranas de los charcos otra cosa no suelen
mentar.
Calisto
aprecia el consejo, pero manda a Pármeno que les abra y ambos entran. Sempronio
teme que Pármeno eche por tierra sus planes. A Celestina no parece preocuparle
demasiado, pues el criado hará lo que el amo quiera:
Para
la mi santiguada do vino el asno vendrá el albarda
Calisto da las
gracias a Celestina quien prefiere la paga material por sus servicios. Calisto y
Sempronio van arriba para recoger el pago para Celestina. Mientras tanto,
Celestina y Pármeno conversan sobre la necesidad de unir fuerzas en el asunto
de Melibea. Celestina promete que será provechoso para Pármeno. Este
recapacita:
Perplejo
estoy. Por una parte, téngote por madre. Por otra a Calisto por amo. Riqueza
deseo, pero quien torpemente sube a lo alto, más aína cae que subió. No querría
bienes mal ganados.
Tratando de
engatusar a Pármeno, Celestina le promete los favores de Areúsa, una de sus
chicas. Pármeno se rinde a colaborar con Celestina:
Por
eso, manda, que a tu mandado mi consentimiento se humilla.
Calisto y
Sempronio regresan con cien monedas de oro como primer pago a Celestina.
Celestina las acepta con alegría y sale.
AUTO II.
Sumario:
Partida CELESTINA de CALISTO para su casa, queda
CALISTO hablando con SEMPRONIO, criado suyo, al cual, como quien en alguna
esperenza puesto esta, todo aguijar le parece tardanza. Envia de si a SEMPRONIO
a solicitar a CELESTINA para el concebido negocio. Quedan entretanto CALISTO y
PARMENO juntos razonando.
Resumen: Calisto está impaciente e irritable. Ordena a Sempronio que acompañe a Celestina y la aliente para que se dé prisa en realizar su compromiso. Sempronio hubiera preferido quedarse acompañando a Calisto en su dolor, pero éste le advierte:
Sempronio,
no me parece buen consejo quedar yo acompañado y que vaya sola aquélla que
busca el remedio de mi mal. Mejor será que vayas con ella y la aquejes, pues
sabes que de su diligencia pende mi salud, de su tardanza mi pena, de su olvido
mi desesperanza.
Sale Sempronio.
Calisto y Pármeno charlan. El criado le recuerda los acontecimientos del primer
encuentro con Melibea, en el huerto de ésta y las consecuencias funestas a las
que dio lugar:
Señor,
porque perderse el otro día el neblí fue causa de tu entrada en la huerta de
Melibea a le buscar, la entrada causa de la ver y hablar, la habla engendró
amor, el amor parió tu pena, la pena causará perder tu cuerpo y alma y
hazienda. Y lo que más de ello siento es venir a manos de aquella
trotaconventos, después de tres veces emplumada.
Finalmente,
tras haber luchado en vano por persuadir a su amo, Pármeno se rinde y decide
que lo mejor será dejar que Calisto haga lo que quiera.
AUTO III.
Sumario:
SEMPRONIO vase a casa de CELESTINA, a la cual
reprende por la tardanza. Ponense a buscar que manera tomen en el negocio de
CALISTO con MELIBEA. En fin sobreviene ELICIA. Vase CELESTINA a casa de PLEBERIO.
Queda SEMPRONIO y ELICIA en casa.
Resumen: Sempronio se dirige hacia la casa de Celestina con el fin de que no se demore en llevar a cabo los deseos de Calisto. Piensa aquél piensa que desde que Calisto le pagó, ella se lo estaba tomando con demasiada calma. Sempronio le recuerda las prisas de Calisto y su disposición a incrementar las ganancias. Los mutuos intereses los unen en su empresa y Celestina no duda de que Pármeno terminará por ponerse de su lado. Celestina habla a Sempronio de Claudina, la madre de Pármeno y su compañera en la putería. El recuerdo de su madre y la promesa de poder gozar de Areúsa terminarán por convencer a Pármeno a colaborar con ellos. Celestina no duda de su éxito en doblegar la voluntad de Melibea:
sé
que, aunque al presente la ruegue, al fin me ha de rogar; aunque al principio me
amenace, al cabo me ha de halagar.
Podrá entrar
en casa de Pleberio, el padre de Melibea, bajo el pretexto de vender ciertas
mercancías:
Aquí
llevo un poco de hilado en esta mi faltriquera, con otros aparejos, que conmigo
siempre traigo, para tener causa de entrar, donde mucho no soy conocida, la
primera vez: así como gorgueras, garbines, franjas, rodeos, tenazuelas, alcohol,
albayalde y solimán, hasta agujas y alfileres.
Para mayor
seguridad, profiere unos conjuros mágicos al dios de los infiernos:
Conjúrote,
triste Plutón, señor de la profundidad infernal, emperador de la Corte dañada,
capitán soberbio de los condenados ángeles
Y tras
confeccionar varias pociones sale hacia la casa de Melibea confiada sobre todo
en su propio poder personal, superior al del mismísimo Plutón:
Y
así confiando en mi mucho poder, me parto para allá con mi hilado, donde creo
te llevo ya envuelto.
AUTO
IV
Sumario:
CELESTINA, andando por el camino, habla consigo
misma hasta llegar a la puerta de PLEBERIO, donde hallo a LUCRECIA, criada de
PLEBERIO. Ponese con ella en razones. Sentidas por ALISA, madre de MELIBEA, y
sabido que es CELESTINA, hacela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar
a ALISA. Vase. Queda CELESTINA en casa con MELIBEA y le descubre la causa de su
venida.
Resumen: Celestina camina a la casa de Melibea pensando en lo que acontecerá cuando ella llegue. Teme no ser bien recibida y que su visita se tome a ofensa: por un lado pueden que la manteen o la azoten; por otro, si no entra, será objeto de la furia de Calisto. Es más honorable sufrir el castigo que romper la confianza de alguien. Cuándo Celestina llega a la casa, Lucrecia, sirviente de Melibea, prima de Elisa, y una amiga suya la saludan a la puerta. Celestina dice que venía de visita; pero Lucrecia duda de eso, pues sabe que Celestina nunca hace nada sin interés de lucro. Celestina explica a Lucrecia que ella viene a ofrecerle unos hilos a Melibea y su madre. Lucrecia dice que Alisa, madre de Melibea, llevaba unos días tejiendo y que el hilo le vendría bien. Alisa pregunta a Lucrecia quien está allí y Lucrecia la dice sin reparos:
la que empicotaron por hechicera, que vendía las mozas a los abades y descasaba mil casados.
Alisa recuerda
a Celestina, a la que llama buena pieza y, con todo, la invita a entrar.
Alisa está ansiosa de comprar el hilo que Celestina describe como
Delgado
como el pelo de la cabeza, igual, recio como cuerdas de vihuela, blanco como el
copo de la nieve, hilado todo por estos pulgares, aspado y aderezado. Velo aquí
en madejitas.
Repentinamente,
Alisa se da cuenta de que ella debe salir a visitar a su hermana que está
enferma y deja Melibea sola con Celestina. Celestina aconseja a Melibea a gozar
su lozana juventud antes que llegue la vejez con sus achaques:
Dios
la deje gozar su noble juventud y florida mocedad, que es el tiempo en que más
placeres y mayores deleites se alcanzarán. Que, a la mi fe, la vejez no es sino
mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas, congoja
continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado, pena de lo presente
Melibea parece
complacida con las reflexiones de la vieja y cree que éstos son los
sentimientos del pobre y que la gente rica piensa de otra manera. Melibea
da gracias a Celestina por su visita y le paga por la compra. Celestina
aprovecha esta oportunidad y revela a Melibea la razón altruista de su visita,
wue ha sido motivada por ajenas necesidades y no mías. A lo que
responde la doncella:
Pide
lo que querrás, sea para quien fuere.
Celestina se
extiende en rodeos sobre la necesidad de curar a los enfermos moribundos; en
particular un enfermo que le preocupaba:
¡Doncella
graciosa y de alto linaje! tu suave fabla y alegre gesto, junto con el aparejo
de liberalidad, que muestras con esta pobre vieja, me dan osadía a te lo decir.
Yo dejo un enfermo a la muerte, que con sola una palabra de tu noble boca salida,
que le lleve metida en mi seno, tiene por fe que sanará, según la mucha
decocción tiene en tu gentileza.
Sigue
Celestina con sus digresiones, tras lo cual sigue el siguiente intercambio:
MELIB.
__ Por Dios, sin más dilatar, me digas quién es ese doliente, que de mal tan
perplejo se siente, que su pasión y remedio salen de una misma fuente.
CEL.
__ Bien tendrás, señora, noticia en esta ciudad de un caballero mancebo
gentilhombre de clara sangre, que llaman Calisto.
MELIB.
__ ¡ Ya, ya, ya! Buena vieja, no me digas más, no pases adelante ... ¡Quemada
seas, alcahueta falsa, hechizera, enemiga de onestad, causadora de secretos yerros!
¡ Jesú, Jesú ! !Quítamela, Lucrecia, de delante, que me fino, que no me ha
dexado gota de sangre en el cuerpo! Bien se lo mereçe esto y más, quien a
estas tales da oydos. .......... ¡ Jesú! No oiga yo mentar más ese loco,
saltaparedes, fantasma de noche, luengo como cigüeña, figura de
paramento malpintado; sinó, aquí me caeré muerta.
Melibea,
aparentemente enojada, reprende a la vieja por su insolencia. Celestina cree
haber triunfado en su cometido:
Más
fuerte estaba Troya, y aun otras más bravas he yo amansado! Ninguna tempestad
mucho dura
Celestina pide
a Melibea una oración en favor de Calisto, para calmar su dolor de muelas.
Celestina se disculpa. Melibea le concede lo que pidió. Melibea le da a
Celestina el cordón y le pide que pase al día siguiente por la oración. La
doncella queda en hacer cualquier cosa que ella pueda en ayuda del paciente.
Celestina aprovecha para elogiar las cualidades de Calisto:
Fuerza
y esfuerzo, no tuvo Hércules tanta. La presencia y faciones, disposición,
desenvoltura, otra lengua había menester para las contar. Todo junto semeja ángel
del cielo. Por fe tengo que no era tan hermoso aquel gentil Narciso, que se
enamoró de su propia figura, cuando se vio en las aguas de la fuente. Agora, señora,
tiénele derribado una sola muela que jamás cesa de quejar.
Lucrecia, que
oye la conversación, acusa a Celestina de manipular a Melibea. Celestina, para
ponerla de su lado, le promete una lejía para el pelo que lo transforme en oro
y unos polvos para los dientes que mitiguen el olor de su aliento.
AUTO
V
Sumario:
CELESTINA, andando por el camino, habla consigo
misma fasta llegar a la puerta de PLEBERIO, onde hallo a LUCRECIA, criada de
PLEBERIO. Ponese con ella en razones. Sentidas por ALISA, madre de MELIBEA, y
sabido que es CELESTINA, fazela entrar en casa. Viene un mensajero a llamar a
ALISA. Vase. Queda CELESTINA en casa con MELIBEA y le descubre la causa de su
venida.
Resumen: Celestina se congratula de haber llevado a cabo su encargo de persuadir a Melibea con gran éxito. Ella está orgullosa de sí misma por haber acertado en lo que tantas otras hubieran fracasado:
¡O
cuántas erraran en lo que yo he acertado!
Sempronio está
en casa de Celestina esperando su llegada. Está curioso por saber lo que sucedió
con Melibea, pero Celestina no quiere contarle nada antes de ver a Calisto:
Delante
Calisto oirás maravillas; que será desflorar mi embajada comunicándola con
muchos. De mi boca quiero que sepas lo que se ha hecho.
Sempronio y
Celestina caminan juntos, en animada conversación. Pármeno los ve
acercarse y se lo notifica a Calisto. Este insta al criado a que no se
demore en abrirles la puerta. Calisto está ansioso por oír el informe de
Celestina, torturado entre la esperanza y la desilusión:
¡Oh,
mis tristes oídos! Aparejaos a lo que os viniere, que en su boca de Celestina
está agora aposentado el alivio o pena de mi corazón.
AUTO VI
Sumario:
Entrada CELESTINA en casa de CALISTO con grande
aficion y desseo, CALISTO le pregunta de lo que le ha acontescidon con
MELIBEA. Mientras ellos estan hablando, PARMENO, oyendo fablar a CELESTINA de su
parte contra SEMPRONIO, a cada razon le pone un mote reprendiendolo SEMPRONIO.
En fin la vieja CELESTINA le descubre todo lo negociado y un cordon de MELIBEA.
Y despedida de CALISTO, vase para su casa y con ella PARMENO.
Resumen: Calisto está ansioso por saber de Melibea. Celestina, con su característica maestría en digresiones y circunloquios, trata de acrecentar la impaciencia del joven enamorado, a veces haciéndole esperar lo mejor, a veces infundiéndole temores. El joven se impacienta desesperado:
Madre
mia, abrevia tu razón o toma esta espada y mátame.
Aprovecha
Celestina para resaltar lo arduo de su empresa: cómo tuvo que arriesgar su vida,
poniéndola al tablero, y cómo logró al fin ganarse la amistad de Melibea; de
tal manera que en adelante le abriría la puerta a pesar de su pobre apariencia:
Buena
se puede decir, pues queda abierta puerta para mi tornada y antes me recibirá a
mí con esta saya rota, que a otro con seda y brocado.
Calisto seguía
impaciente:
CAL.
__ Dime, por Dios, señora, ¿Qué hacía? ¿Cómo entraste? ¿Qué tenía
vestido? ¿A qué parte de casa estaba? ¿Qué cara te mostró al principio?
CEL.
__ Aquella cara, señor, que suelen los bravos toros mostrar contra los que
lanzan las agudas flechas en el coso, la que los monteses puercos contra los
sabuesos, que mucho los aquejan.
CAL. __ ¿Y a esas llamas señales de salud? . Pues ¿cuáles serán mortales?
No por cierto la misma muerte: que aquélla alivio sería en tal caso deste mi
tormento, que es mayor y duele más.
Pármeno,
entre tanto, no deja de entremeter comentarios duros contra Celestina y los
locos enamorados; Sempronio trata de contenerle para impedir que eche abajo todo
el negocio que están tramando. Calisto se arrodilla en frente de Celestina
mientras que ella continúa contándole lo que ocurrió entre ella y Melibea, de
manera muy prolija, hasta llegar al cordón que entrega a Calisto. Este cae en
el delirio:
CEL.
__ ... Toma este cordón, que, si yo no me muero, yo te daré a su ama.
CAL.
__ ¡Oh nuevo huésped! !Oh bienaventurado cordón, que tanto poder y
merecimiento tuviste de ceñir aquel cuerpo, que yo no soy digno de servir! ¡Oh
nudos de mi pasión, vosotros enlazasteis mis deseos!
Celestina
solicita recompensa de Calisto por el cordón. Calisto le ofrece todo lo que
ella le pida:
Oh,
por Dios, toma toda esta casa y cuanto en ella hay y dímelo, o pide lo que
querrás ¿Qué dices de manto? ¡Y saya y cuanto yo tengo!
A continuación
ordena a Pármeno que acompañe a Celestina hasta su casa.
AUTO
VII
Sumario:
CELESTINA habla con PARMENO, induziendole a
concordia y amistad de SEMPRONIO. Trahele PARMENO a memoria la promessa que le
fiziera de le hazer haver a AREUSA, quel mucho amava. Vanse a la casa de AREUSA.
Queda ai la noche PARMENO. CELESTINA va para su casa; llama a la puerta. Elicia
le viene abrir increpandole su tardança.
Resumen: Celestina se cree con autoridad y derecho de amonestar a Pármeno, quien no debe murmurar y oponerse a sus intereses, pues pueden repercutir en provecho de todos. Le alienta a ser más cariñoso con Sempronio a quien el criado más joven debe tomar como modelo:
Crecería
vuestro provecho dándoos el uno al otro la mano, ni aun habría más privados
con vuestro amo que vosotros. Pues sabe que es menester que ames si quieres ser
amado.
Celestina por
fin recurre a recordarle al jovencito que ella no es peor que fue su madre,
insinuando que debiera aceptarla en su lugar.
No
me la nombres, fijo, por Dios, que se me hinchen los ojos de agua. ¿Y tuve yo
en este mundo otra tal amiga? ¿Otra tal compañera? ¿Tal aliviadora de mis
trabajos y fatigas? ¿Quién suplía mis faltas? ¿Quién sabía mis
secretos? ¿Quién descubría mi corazón? ¿Quién era todo mi bien y descanso,
sino tu madre, más que mi hermana y comadre? ¡O qué graciosa era! ¡O qué
desenvuelta, limpia, varonil! Tan sin pena ni temor se andaba a media noche de
cimenterio en cimenterio, buscando aparejos para nuestro oficio, como de día.
Ni dejaba cristianos ni moros ni judíos, cuyos enterramientos no visitaba. De día
los acachaba, de noche los desaterraba. así se holgaba con la noche escura,
como tú con el día claro; decía que aquélla era capa de pecadores. ¿Pues maña
no tenía con todas las otras gracias? Una cosa te diré, porque veas qué madre
perdiste; aunque era para callar. Pero contigo todo pasa. Siete dientes quitó a
un ahorcado con unas tenacicas de pelacejas, mientra yo le descalcé los zapatos.
Pues entraba en un cerco mejor que yo y con más esfuerzo.
Por si tales
recuerdos no bastaran, añade la promesa de darle a Areúsa hacia cuya casa se
encaminan. Entra Celestina en la habitación de la chica. Pármeno queda
rezagado, nervisoso, esperando. Areúsa dice tener un amigo. Celestina
trata de convencerla de que amigos tales no merecen tanta fidelidad; elogia su
belleza y lozanía y se muestra encantada de mirarla y remirarla bajo las
blancas sábanas. Le habla de Pármeno, compañero de Sempronio, amigo de Elicia,
su prima, y de los beneficios que puede proporcionarle su amistad .Hace subir a
Pármeno e invita a los jóvenes a gozar del amor. Celestina, al verles,
se muere de envidia, pues como vieja habría perdido las muelas, pero le quedaba
todavia el sabor:
Quedaos
adiós, que voyme sola porque me hacéis dentera con vuestro besar y retozar.
Que aun el sabor en las encías me quedó: no le perdí con las muelas.
Celestina
sale. En su casa la espera Elicia. Elicia y Celestina discuten pero al final se
arregla todo entre ellas.
AUTO VIII
Sumario:
La mañana viene. Despierta PARMENO. Despedido
de AREUSA, va para casa de CALISTO, su señor. Fallo a la puerta a SEMPRONIO.
Conciertan su amistad. Van juntos a la camara de CALISTO. Hallanle hablando
consigo mismo. Levantado, va a la yglesia.
Resumen: Pármeno se despierta en la cama de Areúsa y se da cuenta de que es ya mediodía; es muy tarde y debe volver a su hogar inmediatamente. Antes de salir él invita a Areúsa a la cena en casa de Celestina. En el camino se cree el hombre mas feliz y afortunado del mundo, agradeciendo a Celestina tanta dicha:
!Oh
placer singular! !Oh singular alegría! ¿Cuál hombre es ni ha sido más
bienaventurado que yo? ¿Cuál más dichoso y bienandante? ... Por cierto, si
las traiciones de esta vieja con mi corazón yo pidiese sufrir, de rodillas había
de andar a la complacer. ¿Con qué pagaré yo esto?
Al llegar a su
casa, Pármeno se reúne con Sempronio quien le reprende por su tardanza Pármeno
le cuenta lo sucedido y hace participe de su gloria: la gloria de haber
alcanzado a Areúsa:
PAR.
__ ¿Pues qué es todo el placer que traigo, sino haberla alanzado?
SEMP.
__ ¡Cómo se lo dice el bobo! ¡ De risa no puede hablar! ¿A qué llamas
haberla alcanzado? ¿Estaba a alguna ventana o qué es eso?
PARM.
__ A ponerla en duda si queda preñada o no.
Pármeno se
arrepiente de haberse opuesto a los planes de Sempronio y Celestina y está
dispuesto a cooperar con ellos en todo pues reconoce que en el juego de Calisto
y Melibea hay oportunidad de ganancias. Sempronio y Pármeno acuerdan olvidar el
pasado en vista de un futuro muy prometedor:
SEM.
__ Seamos como hermanos, ... sea lo pasado cuestión de Sant Juan y así paz
para todo el año. Que las iras de los amigos siempre suelen ser reintegración
del amor. Comamos y holguemos, que nuestro amo ayunará por todos.
Entre los dos
criados acuerda celebrar una comida en casa de Celestina, con Elicia y Areúsa.
Mientras tanto, en la alcoba, como de costumbre, Calisto delira de amor,
recitando poesías, entre sueños, sin saber si es hora de despertar o acostarse.
.
CAL.
__ Corazón, bien se te emplea
Que
penes y viuas triste,
Pues
tan presto te venciste
Del
amor de Melibea.
Calisto oye
tocar a misa y se dispone para ir a la iglesia. En su atolondramiento, se
entrega a la disposición de su criado:
Sempronio
mi fiel criado, mi buen consejero, mi leal servidor, sea como a ti te parece.
Porque cierto tengo, según tu limpieza de servicio, quieres tanto mi vida como
la tuya.
AUTO IX
Sumario:
SEMPRONIO y PÁRMENO van a casa de CELESTINA
entre sí hablando. Llegados allá, hallan a ELICIA Y AREÚSA. Pónense a comer;
entre comer riñe ELICIA con SEMPRONIO. Levántase de la mesa. Tórnanla
apaziguar. Estando ellos todos entre sí razonando, viene LUCRECIA, criada
de MELIBEA, llamar a CELESTINA que vaya a estar con MELIBEA.
Resumen: Sempronio y Pármeno salen a ir a la casa de Celestina para la comida. Ellos caminan a la iglesia a ver si Celestina pues ésta suele ir cuando en su casa falta comida:
Cuando
ella tiene qué hacer, no se acuerda de Dios ni cura de santidades. Cuando hay
que roer en casa, sanos están los santos; cuando va a la iglesia con sus
cuentas en la mano, no sobra el comer en casa.
Los dos
criados que Celestina no es mucho de fiar, pero al mismo tiempo creen que,
para bien de todos no deben darle publicidad a su ruindad. Elicia y Areúsa están
impacientes porque ellos se retrasan. Cuando llegan, los cinco se sientan a la
mesa frente a una comida abundante; Celestina entona sus alabanzas al vino:
esto
quita la tristeza del corazón, más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al
mozo y al viejo fuerza, pone color al descolorido, coraje al cobarde, al flojo
diligencia, conforta los celebros, saca el frío del estómago, quita el hedor
del anhélito, hace potentes los fríos, hace sufrir los afanes de las labranzas,
a los cansados segadores hace sudar toda agua mala, sana el romadizo y las
muelas, ...
Elicia, algo
celosa, se enoja con Sempronio por los inmerecidos elogios a Melibea.
Aquella
hermosura por una moneda se compra de la tienda. Por cierto, que conozco yo en
la calle donde ella vive cuatro doncellas en quien Dios más repartió su gracia
que no en Melibea, que si algo tiene de hermosura es por buenos atavíos que
trae. Ponedlos en un palo, también diréis que es gentil.
Elicia se
levanta de la mesa, pero se apacigua eventualmente y la convencen a que regrese
y goce de la buena comida. Celestina alienta a las parejas al besarse y
abrazarse:
Besaos
y abrazaos, que a mí no me queda otra cosa sino gozarme de vello. Mientra a la
mesa estáis, de la cinta arriba todo se perdona. Cuando seáis aparte, no
quiero poner tasa, pues que el rey no la pone.
Lucrecia llega
con un mensaje de Melibea. Areúsa aprovecha para lanzar una durísima diatriba
contra las señoras y el servicio en general; ella se cree feliz por no estar
sometida:
La
mejor honra que en sus casas tienen, es andar hechas callejeras, de dueña en
dueña, con sus mensajes a cuestas. Nunca oyen su nombre propio de la boca de
ellas; sino puta acá, puta acullá. ... no hay quien las sepa contentar, no
quien pueda sufrirlas. Su placer es dar voces, su gloria es reñir. De lo mejor
fecho menos contentamiento muestran. Por esto, madre, he querido más vivir en
mi pequeña casa, exenta y señora, que no en sus ricos palacios sojuzgada y
cautiva.
Celestina
secunda sin reserva todo lo dicho por la joven prostituta:
En
tu seso has estado, bien sabes lo que haces. Que los sabios dicen: que vale más
una migaja de pan con paz, que toda la casa llena de viandas con rencilla.
Lucrecia
comenta sobre lo dificultoso que le sería a Celestina mantener en años
anteriores a tantas mozas en el burdel. Celestina responde que no podía
estar más equivocada. Aquellos fueron años de apoteosis, con nueve mozas entre
los catorce y dieciocho años que ofrecían sus favores a todos los dignatarios,
incluidos los clérigos, entre los que cuales se consideraba duquesa:
Caballeros
viejos y mozos, abades de todas dignidades, desde obispos hasta sacristanes. En
entrando por la iglesia, vía derrocar bonetes en mi honor, como si yo fuera una
duquesa. ... De media legua que me viesen, dejaban las horas. Uno a uno, dos a
dos, venían a donde yo estaba a ver si mandaba algo, a preguntarme cada uno por
la suya. Que hombre había, que estando diciendo missa, en viéndome entrar, se
turbaba, que no hacía ni decía cosa a derechas. \Unos me llamaban señora,
otros tía, ...
Lucrecia, a
solas con Celestina, le ruega que vaya a casa de su señora Melibea y le lleve
el cordón ceñidero, pues aquélla se encontraba afectada por ciertos desmayos
y un dolor del corazón y, además, necesitaba sus consejos. Celestina y
Lucrecia se encaminan a la casa de Melibea.
AUTO
X
Sumario:
Mientra andan CELESTINA y LUCRECIA por camino,
stá hablando MELIBEA consigo misma. Llegan a la puerta; entra LUCRECIA primero.
Haze entrar a CELESTINA. MELIBEA, después de muchas razones, descubre a
CELESTINA arder en amor de CALISTO. Veen venir a ALISA, madre de MELIBEA. Despídense
den uno. Pregunta ALISA a MELIBEA de los negocios de CELESTINA. Defendióle
su mucha conversación.
Resumen: Melibea habla consigo misma acerca de su amor a Calisto. Ella es opuesta por sus sentimientos del amor y su necesidad al guardar su honor y la pureza.
No
se desdore aquella hoja de castidad que tengo asentada sobre este amoroso deseo,
publicando ser otro mi dolor, que no el que me atormenta.
Lucrecia entra
la habitación de Melibea e invita entrar a Celestina. Melibea espera que
Celestina tenga capaz al curar su sufrimiento. Celestina no prescribirá una
cura a Melibea hasta que ella admita completamente la naturaleza de sus
infortunios. Melibea revela a Celestina su pasión por Calisto. Celestina hará
los arreglos para Calisto se reúna con Melibea en las puertas de su casa a la
medianoche. Alisa llega y Celestina se ausenta. La madre amonesta a su hija
sobre la vieja:
Guarte,
hija, della, que es gran traidora; que el sotil ladrón siempre rodea las ricas
moradas. Sabe ésta con sus traiciones, con sus falsas mercadurías, mudar los
propósitos castos. Daña la fama; a tres veces que entra en una casa, engendra
sospecha.
AUTO XI
Sumario:
Despedida CELESTINA de MELIBEA, va por la
calle sola hablando. Vee a SEMPRONIO y PARMENO que van a la Madalena por su
señor. SEMPRONIO habla con CALISTO. Sobreviene CELESTINA. Van a casa de CALISTO.
Declarale CELESTINA su mensaje y negocio recaudado con MELIBEA. Mientra ellos en
essas razones estan, PARMENO y SEMPRONIO entre si hablan. Despidese CELESTINA de
CALISTO, va para su casa, llama a la puerta. ELICIA le viene a abrir. Cenan y
vanse a dormir.
Resumen: Celestina sale de la casa de Melibea y se reúne con Sempronio y Pármeno que recogen a Calisto en la iglesia. Celestina da la enhorabuena a Calisto porque ha convertido a Melibea en su servidora:
Pero
todo vaya en buena hora, pues tan buen recado traigo, que te traigo muchas
buenas palabras de Melibea y la dejo a tu servicio
Calisto se
enoja porque el habla de Celestina no es cortés:
Habla
cortés, madre, no digas tal cosa, que dirán estos mozos que estás loca.
Melibea es mi señora, Melibea es mi Dios, Melibea es mi vida; yo su cautivo, yo
su siervo.
Calisto da una
cadenilla de oro a Celestina como pago para su buen trabajo. Pármeno y
Sempronio saborean la ganancia que su parte de la cadena les supondrá.
Parmeno pondera que no daría su parte por medio marco de oro. Celestina
insiste en la disposición de Melibea a entregarse a Calisto:
Melibea
pena por ti más que tú por ella, Melibea te ama y desea ver, Melibea
piensa más horas en tu persona que en la suya, Melibea se llama tuya y esto
tiene por título de libertad y con esto amansa el fuego, que más que a ti la
quema.
Calisto se
siente agobiado, enajenado; se pregunta si estaría soñando; se siente morir de
gozo:
Muerto
soy de aquí allá, no soy capaz de tanta gloria, no merecedor de tan gran
merced, no digno de fablar con tal señora de su voluntad y grado.
Celestina se
despide, alegre de la recompensa. Llega a casa donde Elicia le reprocha su
tardanza y quiere que reflexione que a su edad no debe andar sola, tan tarde,
pues puede tropezar y caerse, y morir. Cenan y se acuestan.
AUTO
XII
Sumario: Llegando
medianoche, CALISTO, SEMPRONIO y PARMENO, armados, van para casa de MELIBEA.
LUCRECIA y MELIBEA estan cabe la puerta, aguardando a CALISTO. Viene CALISTO.
Hablale primero LUCRECIA. Llama a MELIBEA. Apartase LUCRECIA. Hablanse por entre
las puertas MELIBEA y CALISTO. PARMENO y SEMPRONIO de su cabo departen. Oyen
gentes por la calle. Apercibense para huyr. Despidese CALISTO de MELIBEA,
dexando concertada la tornada para la noche siguiente. PLEBERIO, al son del
ruydo que havia en la calle, despiertase. Llama a su muger, ALISA. Pregunta a
MELIBEA quien da patadas en su camara. Responde MELIBEA a su padre, PLEBERIO,
fingendo que tenia sed. CALISTO con sus criados va para su casa hablando. Echase
a dormir. PARMENO y SEMPRONIO van a casa de CELESTINA. Demandan su parte de la
ganancia. Dissimula CELESTINA. Vienen a reñir. Echanle mano a CELESTINA; matanla.
Da bozes ELICIA. Viene la justicia y prendelos ambos.
Resumen: Cerca la medianoche, Calisto y sus dos criados salen armados hacia la casa de Melibea. La noche está oscura y quieren prevenirse contra cualquier eventual emboscada. Calisto le encomienda a Pármeno que vaya y mire entre las puertas, a ver si ha llegado Melibea. Pármeno hace saber a amo que es más apropiado que sea a él a quien Melibea vea primero. Calisto se adelanta. Los criados quedan rezagados temerosos. Es Lucrecia, la criada, quien reconoce a Calisto por la voz. Melibea se acerca a la puerta y manda a su criada a la cama. Melibea expresa frialdad y miedo que su honra quede dañada:
no
sé qué piensas más sacar de mi amor, de lo que entonces te mostré.
Desviad estos vanos y locos pensamientos de ti, porque mi honra y persona
estén sin detrimento de mala sospecha seguras.
A Calisto,
ante tal fraildad, le asalta el presentimiento de haber sido engañado por
criados y alcahueta:
¡Oh
malaventurado Calisto! !Oh cuán burlado has sido de tus siruientes! ¡Oh engañosa
muger Celestina! !Dejárasme acabar de morir y no tornaras a vivificar mi
esperanza, para que tubiese más que gastar el fuego que ya me aqueja!
Melibea
asegura a Calisto que con sus palabras solo había tratado de probar su
fidelidad, y le confirma su gozo y su entrega:
Tú
lloras de tristeza, juzgándome cruel; yo lloro de placer, viéndote tan fiel.
¡Oh mi señor y mi bien todo! ¡Cuánto más alegre me fuera poder ver tu faz,
que oíir tu voz! ... Limpia, señor, tus ojos, ordena de mí a tu
voluntad.
Ambos maldicen
aquellas puertas que les impide gozar plenamente de su amor:
MEL.__
... las puertas impiden nuestro gozo, las cuales yo maldigo y sus fuertes
cerrojos y mis flacas fuerzas, que ni tú estarías quejoso ni yo descontenta.
CAL. __ ¿Cómo, señora mia, y mandas que consienta a un palo impedir
nuestro gozo? Nunca yo pensé que, demás de tu voluntad, lo pudiera cosa
estorbar. ¡Oh molestas y enojosas puertas! Ruego a Dios que tal fuego os abrase,
como a mí da guerra: que con la tercia parte seríades en un punto quemadas.
Los dos
amantes acuerdan verse al dia siguiente en el huerto.
MEL.__
... conténtate con venir mañana a esta hora por las paredes de mi huerto
El diálogo
cesa y los jóvenes se apartan cuando Sempronio y Pármeno avisan a su amo de la
guadia nocturna que se acerca con hachas. Pleberio, en su alcoba, se
despierta ante el bullicio en la habitación de Melibea. Alicia le confirma
haberlo oído. Pleberio le pregunta a Melibea qué pasaba. Esta le
dice que tenía sed y Lucrecia había salido por jarro de agua.
Entre tanto, Calisto y sus criados llegan a casa. Calisto se dipone a ir a la cama y aconseja a sus mozos a hacer lo mismo. Sempronio, sin embargo, no deja de pensar en la cadena de oro y en la parte que les correspondía y quiere arreglar cuentas con la vieja Celestina, cuanto antes. Los mozos salen hacia la casa de Celestina. La llaman desde la ventanilla de la alcoba. Celestina les abre. Entran. Declaran que vienen por su parte de la cadena. Celestina, siempre tan astuta, se muestra confusa en sus explicaciones. Les dice se la dio a Elica, que no sabe dónde la puso, que no es que fuera de mucho valor, añadiendo que se temía que unos familiares que la visitaron se la habrían llevado; y concluye que, en cualquiera de los caso, la cadena le pertenecía a ella y a nadie más:
la
cadenilla que traje para que [Elicia] se holgase con ella y no se puede acordar
dónde la puso. Que en toda esta noche ella ni yo no habemos dormido sueño de
pesar. No por su valor de la cadena, que no era mucho; pero por su mal cobro
della y de mi mala dicha. Entraron unos conoscidos y familiares mios en aquella
sazón aquí: temo no la hayan llevado, diciendo: si te vi, burléme, etc. así
que, hijos, ahora que quiero hablar con entrambos, si algo vuestro amo a mi me
dio, debéis mirar que es mío; que de tu jubón de brocado no te pedí yo
parte ni la quiero. Sirvamos todos, que a todos dará, según viere que lo
merecen. Que si me ha dado algo, dos veces he puesto por él mi vida al tablero.
La disputa
sigue; Celestina se da cuenta que la situación se agrava y pide a Elicia que
busque a la justicia:
¿Qué
es esto? ¿Qué quieren decir tales amenazas en mi casa? ¿Con una oveja mansa
tenéis vosotros manos y braveza? ¿Con una gallina atada? ¿Con una vieja de
sesenta años? ¡Allá, allá, con los hombres como vosotros, contra los que ciñen
espada, mostrad vuestras iras; no contra mi flaca rueca!
Sempronio saca
la espada y entre los gritos de Celestina, entre súplicas de ésta a Pármeno
para que le detenga, y entre demandas de éste a Sempronio para que le dá
fuerte, Celestina es acuchillada. Ante la gente que acude, Sempronio y Pármeno
saltan por la ventana. Caen y mueren descalabrados.
AUTO
XIII
Sumario:
Despertado CALISTO de dormir, sta hablando
consigo mismo. Dende un poco sta llamando a TRISTAN y a otros sus criados. Torna
dormir CALISTO. Ponese TRISTAN a la puerta. Viene SOSIA llorando. Preguntado de
TRISTAN, SOSIA cuentale la muerte de SEMPRONIO y PARMENO. Van a dezyr las
nuevas a CALISTO, el qual, sabiendo la verdad, haze grande lamentacion.
Resumen: Calisto se despierta de un azucarado sueño. Quiere cerciorarse de que lo experimentado aquella noche no había sido pura fantasía. Para ello trata de interrogar a sus criados. Se encuentra con Tristán. Le manda a buscar a Sempronio y Pármeno. En aquellos instantes llega Sosia, el mozo de espuelas, todo desgreñado, con la noticia de que Sempronio y Pármeno han sido degollados públicamente en la plaza. Calisto culpa a la mala fortuna de los incidentes, pondera cómo Celestina era mala y falsa, condenada a morir de mala manera, y se revela contra el destino, decidido a acudir a la cita con Melibea, y sustituir a los criados muertos por Tristán y Sosia, quienes le acompañarán al huerto con escalas:
¡Oh
fortuna, cuánto y por cuántas partes me has combatido! Pues, por más que
sigas mi morada y seas contraria a mi persona, las adversidades con igual ánimo
se han de sufrir y en ellas se prueba el corazón recio o flaco. No ay mejor
toque para conocer qué quilates de virtud o esfuerzo tiene el hombre. Pues por
más mal y daño que me venga, no dejaré de cumplir el mandado de aquélla por
quien todo esto se ha causado. Que más me va en conseguir la ganancia de la
gloria que espero, que en la pérdida de morir los que murieron. Ellos
eran sobrados y esforzados: ahora o en otro tiempo de pagar habían. La vieja
era mala y falsa, según parece que hacía trato con ellos, y así que riñeron
sobre la capa del justo. Permisión fue divina que así acabase en pago de
muchos adulterios que por su intercessión o causa son cometidos. quiero hacer
aderezar a Sosia y a Tristanico. Irán comigo este tan esperado camino. Llevarán
escalas, que son muy altas las paredes.
AUTO
XIV
Sumario:
Está MELIBEA muy affligida hablando con
Lucrecia sobre la tardança de CALISTO, el qual le avía hecho voto de
venir en aquella noche a visitalla, lo qual cumplió; y con él vinieron SOSIA y
TRISTÁN. Y después que cumplió su voluntad, bolvieron todos a la posada, y
CALISTO se retrae en su palacio y quéxase por aver estado tan poca quantidad de
tiempo con MELIBEA, y ruega a Febo que cierre sus rayos, para haver de restaurar
su desseo.
Resumen: En el huerto, Melibea y Lucrecia esperan impacientes. Llegan Calisto y sus mozos. Sosia arrima la escalera. Calisto se apresura. Melibea, nerviosa, le aconseja que baje poco a poco. Calisto tiene en sus brazos a Melibea:
¡Oh
angélica ymagen! !Oh preciosa perla, ante quien el mundo es feo! ¡ O mi señora
y mi gloria! En mis braços te tengo y no lo creo. Mora en mi persona tanta
turbación de placer, que me hace no sentir todo el gozo que poseo.
Melibea
amonesta a Calisto a no deshonrarla:
MELIB.
__ Señor mio, pues me fié en tus manos, pues quise cumplir tu voluntad,
no sea de peor condición, por ser piadosa, que si fuera esquiva y sin
misericordia; no quieras perderme por tan brevce deleite y en tan poco espacio.
... Goza de lo que yo gozo, que es ver y llegar a tu persona; no pidas ni
tomes aquello que, tomado, no será en tu mano bolver. Guarte, señor, de dañar
lo que con todos tesoros del mundo no se restaura.
Desde fuera,
Tristán y Sosia escuchan a los amantes. Comenta Sosia:
... con
su pan se la coma, que bien caro le cuesta: dos mozos entraron en la salsa
destos amores.
(En la
COMEDIA, primera versión en XV actos: El
reloj da las tres. Calisto se dipone a salir. Manda a sus criados
poner la escalera. Al despedirse, comenta Melibea: Lucrecia, vente acá, que
estoy sola. Aquel señor mio es ydo. comigo dexa su corazón, consigo lleva el mío.
Se oyen ruidos afuera. Calisto ha resbalado y ha caido y muere. El
texto continúa en el acto XIX).
Calisto y sus criados regresan a la casa. Calisto reflexiona sobre el gozo de haber poseído a Melibea y la deshonra que pueda venirle de la muerte de sus criados:
¡Oh
mezquino yo! Quánto me es agradable de mi natural la solicitud y silencio
y escuridad. No sé si lo causa que me vino a la memoria la traición que hize
en me departir de aquella señora que tanto amo, hasta que más fuera de día, o
el dolor de mi deshonrra. ¡Ay, ay! Que esto es, esta herida es la que
siento ahora que se ha resfriado. ahora que está helada la sangre, que
ayer hervía; ahora que veo la mengua de mi casa, la falta de mi servicio, la
perdición de mi patrimonio, la infamia que tiene mi persona de la muerte que de
mis criados se ha seguido.
Al fin, el
recuerdo y el placer recibido trinunfan sobre el recuerdo y el dolor de las
muertes:
Acuérdate
de tu señora y tu bien todo. y pues tu vida no tienes en nada por su servicio,
no has de tener las muertes de otros, pues ningún dolor igualará con el
recibido plazer .
Tristán y
Sosia contemplan por la ventana a Elicia, vestida de luto y llorosa, que entra
en casa de Areúsa.
AUTO
XV
Sumario:
AREÚSA dize palabras injuriosas a un rufián llamado CENTURIO, el qual se
despide della por la venida de ELICIA, la qual cuenta a AREÚSA las muertes que
sobre los amores de CALISTO Y MELIBEA se avían ordenado, y conciertan AREÚSA y
ELICIA que CENTURIO aya de vengar las muertes de los tres en los dos enamorados.
En fin, despídese ELICIA de AREÚSA, no consintiendo en lo que le ruega,
por no perder el buen tiempo que se dava, estando en su asueta casa.
Resumen: Areúsa discute con un rufián llamado Centurio en su casa. Entra Elicia. Sale Centurio. Areusa se sorprende del aspecto de Elicia. Elicia le informa de que no sólo han muerto Sempronio y Pármeno sino también de que éstos asesinaron a Celestina enfrente de ella. Celestina y Sempronio habían sido su sustento y maldice a Calisto y Melibea por haberle causado tal pérdida:
!Ay,
que rabio! ! Ay, mezquina, que salgo de seso! ¡ Ay, que no hallo quién lo
sienta como yo! No hay quien pierda lo que yo pierdo. ¡Oh cuánto mejores y más
honestas fueran mis lágrimas en pasión ajena, que en la propia mía! ¿A dónde
iré, que pierdo madre, manto y abrigo; pierdo amigo y tal que nunca
faltaba de mi marido? ¡Oh Celestina sabia, honrrada y autorizada, quántas
faltas me encobrías con tu buen saber! ... ¡Oh Calisto y Melibea,
causadores de tantas muertes! ¡Mal fin hayan vuestros amores, en mal sabor se
convertan vuestros dulces placeres! Tórnese lloro vuestra gloria, trabajo
vuestro descanso. las yerbas deleitosas, donde tomais los hurtados solaces, se
conviertan en culebras, los cantares se os tornen lloro, los sombrosos árboles
del huerto se sequen con vuestra vista, sus flores olorosas se tornen de negra
color.
Areusa cree
que el consuelo no está en las lágrimas sino en la venganza:
muchas
cosas se pueden vengar que es imposible remediar y ésta tiene el remedio dudoso
y la venganza en la mano.
Decide que le
pedirá a Centurio que dé muerte a Calisto cuando éste vuelva a salir para
reuinirse con Melibea. Mientras tanto le pide a Elicia que se mude a su
casa. Esta se lo agradece, pero prefiere vivr en la suya. Elicia hará
las debidas averiguaciones sobre el encunetro de Calisto y Melibea por medio de
Sosia. Sale para su casa.
AUTO
XVI
Sumario:
Pensando PLEBERIO y ALISA tener su hija
MELIBEA el don de la Virginidad conservada, lo qual, según ha parescido, está
en contrario, y están razonando sobre el casamiento de MELIBEA, y en tan
gran quantidad le dan pena las palabras que de sus padres oye, que embía
a LUCRECIA para que sea causa de su silencio en aquel propósito.
Resumen: Pleberio y Alisa conversan sobre el futuro de su hija. Ya tiene edad de casarse. es la única heredera de sus bienes. La doncella reúne en sí además de la riqueza, discreción, honestidad, viginidad. No habría caballero que fuera a rehuir tan casamiento. Alisa se muestra de acuerdo con su marido. Melibea, por su parte, que está oyendo, con Lucrecia, la conversacón de sus padres, califica de devaneos tales elucubraciones. No estaban enterados de que llevaba ya un mes viendo a Calisto. La doncella defiende sus amoríos y los compara con otros famosos de la mitología y la historia. Harta de la conversación, recomienda a Lucrecia que entre y los interrumpa con algún tipo de pretexto.
AUTO
XVII
Sumario:
ELICIA, caresciendo de la castimonia de Penélope,
determina de despedir el pesar y luto que por causa de los muertos trae,
alabando el consejo de AREÚSA en este propósito; la qual va a casa de AREÚSA, adonde
viene SOSIA, al qual AREÚSA con palabras fictas saca todo el secreto
que está entre CALISTO y MELIBEA.
Resumen: Elicia se da cuenta de que es insensato llorar la muerte de Sempronio; su luto parece ausentar las visitas a su casa. Recuerda el buen consejo de Celestina:
El
diablo me da tener dolor por quien no sé si, yo muerta, lo tuviera. Osadas, que
me dijo ella a mí lo cierto: nunca, hermana, traigas ni muestres más pena por
el mal ni muerte de otro que él hiciera por ti. Sempronio holgara, yo
muerta; pues ¿por qué, loca, me peno yo por él degollado? ¿Y qué sé
si me matara a mí, como era acelerado y loco, como hizo a aquella vieja que tenía
yo por madre?
Deecide
quitarse el luto y tramar con Areusa cómo vengarse de Calisto. Vuelve,
pues, a casa de Areúsa. Estando allí, llega Sosia a visitar a Areúsa.
Elicia se esconde. Aquella se muestra muy afable y trata de engatusar
al recien llegado. Sosia revela la hora y el camino por donde irán al
huerto de Melibea. Cuando Sosia sale, Areusa se felicita por sus mañas para engañar
a Sosia tan gran facilidad. Ella no tenía nada que envidiar a
Celestina:
Así
sé yo tratar los tales, así sale de mis manos los asnos, apaleados como éste;
y los locos, corridos; y los discretos, espantados; y los devotos, alterados; y
los castos, encendidos. Pues, prima, aprende, que otra arte es ésta que la de
Celestina; aunque ella me tenía por boba, porque me quería yo serlo.
Tras sacarle
el secreto, despide a Sosia fingiendo tener muchas ocupaciones.
AUTO
XVIII
Sumario:
Yendo CALISTO con SOSIA y TRISTÁN al huerto de PLEBERIO a visitar a
MELIBEA que lo estava esperando y con ella LUCRECIA, cuenta SOSIA lo
que le aconteció con AREÚSA. Estando CALISTO dentro del huerto con
MELIBEA, viene TRASO y otros por mandado de CENTURIO a complir lo que avía
prometido a AREÚSA y a ELICIA, a los quales sale SOSIA. Y oyendo CALISTO desde
el huerto onde estava con MELIBEA el ruydo que traían, quiso salir fuera,
la qual salida fue causa que sus días peresciessen, porque los tales este
don resciben por galardón e por esto han de saber desamar los amadores.
Resumen: Elicia y Areusa van a la casa de Centurio para convencerle a tomar la venganza en Calisto y Melibea. Centurio explica que él hará cualquier cosa que Areusa le pida y que esté dentro de sus posibilidades, entre las que enumera algunas:
Mándame
tú, señora, cosa que yo sepa hazer, cosa que sea de mi oficio. Un desafío con
tres juntos, y si más vinieren, que no huya, por tu amor; matar un hombre;
cortar una pierna o brazo; harpar el gesto de alguna que se haya igualado
contigo: estas tales cosas, antes serán hechas que encomendadas.
Areúsa quiere
que las vengue, a ella y Elicia, de un caballero llamado Calisto. Centurio
está dispuesto a matarle sin darle tiempo a confesarse:
Enviémosle
a comer al infierno sin confessión.
Cuando le
hacen saber que le acompañarían dos de sus mozos, aprovecha para hacer un
elogio a su espada:
Pequeña
presa es essa, poco ceuo tiene ay mi espada. Mejor ceuara ella en otra
parte esta noche, que estaua concertada. ... Si
mi espada dixesse lo que haze, tiempo le faltaría para hablar. ¿Quién sino
ella puebla los más cementerios? ¿Quién haze ricos los cirujanos de esta
tierra? ¿Quién da contino quehazer a los armeros? ¿Quién destroza la malla
muy fina? ¿Quién haze riza de los broqueles de Barcelona? ¿Quién rebana los
capacetes de Calatayud, sino ella? Que los caxquetes de Almazén así los corta
como si fuessen hechos de melón. Veinte años ha que me da de comer. Por ella
soy temido de hombres y querido de mugeres; sino de ti. Por ella le dieron
Centurio por nombre a mi abuelo y Centurio se llamó mi padre y Centurio me
llamo yo.
Al pedir
Elicia que no le mate, que solo le apalee, responde Centurio, que una vez que
empiece, no sabrá dónde parar:
Juro
por el cuerpo santo de la letanía, no es más en mi brazo derecho dar palos sin
matar que en el sol dejar de dar vueltas al cielo.
Salen Elicia y
Areúsa. Centurio recapacita sobre cómo librarse de la empresa encomendada
y, y bajo el pretexto de tener otros encargos ineludibles, contrata a Traso, el
cojo, y dos compañeros. Su misión sería simplemente acudir a la cita y
hacer ruido, golpeando el broquel con el pomo de la espada, con el fin de
asustar y ausentar a unos garzones que por allí iban a pasar.
AUTO
XIX
Sumario:Yendo
CALISTO con SOSIA y TRISTAN al huerto de PLEBERIO a visitar a MELIBEA que lo
estava esperando y con ella LUCRECIA, cuenta SOSIA lo que le acontecio con
AREUSA. Estando CALISTO dentro del huerto con MELIBEA, viene TRASO y otros por
mandado de CENTURIO a complir lo que avia prometido a AREUSA y a ELICIA, a los
quales sale SOSIA. Y oyendo CALISTO desde el huerto onde estava con MELIBEA el
ruydo que traian, quiso salir fuera, la qual salida fue causa que sus dias
peresciessen, porque los tales este don resciben por galardon e por esto han de
saber desamar los amadores.
Resumen: De camino al huerto de Melibea, Sosia le comenta a Tristán lo de su nueva amistad con Areúsa, tan hermosa, tan bien arreada, tan bien perfumada, con manos blancas como la nieve, dispuesta a entregársele. Tristán le aconseja ser prudente y no fiarse de ese tipo de mujeres, pues quizás, lo que queria era averiguar el camino por donde iban a ir al huerto. Llegados al huerto, Calisto ordena poner la escalera y callar, pues quiere escuchar las cancioncillas que entona Meleibea y Lucrecia. Cantan a dúo:
LUCR. y
MELIB. __
Dulces
árboles Sombrosos,
humilláos
quando veays
aquellos
ojos graciosos
del
que tanto desseays.
Estrellas
que relumbrays,
norte
y luzero del día ,
¿Por
qué no le despertays,
si
duerme mi alegría?
A continuación
concluye Melibea:
Oyeme
tú, por mi vida,
que
yo quiero cantar sola.
Papagayos,
ruiseñores,
que
cantais al alborada,
llevad
nueva a mis amores,
cómo
espero aquí asentada.
La
media noche es passada,
y
no viene.
Sabedme
si hay otra amada
que
lo detiene.
Calisto no
puede esperar más y se presenta ante Melibea. La anima a que siga cantando. Para
ella, la inspiración provenía del deseo de ver a su amado, al que ya tenía
delante. Mientras habla, Calisto trata de desnudarla. Melibea muestra
ciertos reparos ante la acostumbrada impaciencia y violencia de su amado:
no
me destroces ni maltrates como sueles. ¿Qué provecho te trae dañar mis
vestiduras?
Calisto, como
voraz de halcón que quiere devorar su presa, le responde:
Señora,
el que quiere comer el ave, quita primero las plumas.
En el
transfondo, Lucrecia esta observando a los amantes y se deshace de dentera. Del
otro lado de la tapia llegan gritos de los criados que parecen estar
enzarzados en un altercado con Traso y su pandilla. Calisto, a los ruidos, se
desprende de Malibea y sube apresuradamente las escalera para ayudar a sus mozos.
Melibea queda nerviosa ante lo que le pueda pasar a su amante. Tristán le
dice a su amo que no baje, que solo se traraba de unos bellacos que pasaban
dando voces. Recomienda a su amo que baje con cuidado. Calisto resbala y
cae pidiendo confesión. Yace en el suelo inerte, sin habla.
(Hasta aquí la gran interpolcaión de la tercera adición, versión conocida como Tragicomedia. Sigue el texto de la Comedia, suspendido en el acto XIV).
Los criados le dan por muierto. Meliba y Lucerecia escucha al otro lado de la tapia. Oyen decir a Tristán:
¿Oh
mi señor y mi bien muerto! ¡Oh mi señor despeñado! ¡Oh triste muerte sin
confessión! Coge, Sosia, esos sesos de esos cantos, júntalos con la cabeza del
desdichado amo nuestro. ¡Oh día de aziago! !Oh arrebatado fin!
Lucrecia
persuade a la doncella a ir a su cámara. Decide llamar a los padres y
fingir otro mal..
AUTO
XX
Sumario:
LUCRECIA llama a la puerta de la cámara de
PLEBERIO. Pregúntale PLEBERIO lo que quiere. LUCRECIA le da priessa
que vaya a ver a su hija MELIBEA. Levantado PLEBERIO, va a la cámara de MELIBEA.
Consuélala, preguntando qué mal tiene. Finge MELIBEA dolor del coraçón. Embía
MELIBEA a su padre por algunos estrumentos músicos. Sube ella y LUCRECIA en una
torre. Embía de sí a LUCRECIA; cierra tras ella la puerta. Llégasse su
padre al pie de la torre. Descúbrele MELIBEA todo el negocio que avía passado.
En fin, déxase caer de la torre abaxo.
Resumen: Lucrecia va a la cámara de Pleberio y le manda a venir a ver a Melibea. Pleberio se alarma al ver a su hija tan desconsolada:
¿Qué
dolor puede ser, que iguale con ver yo el tuyo? Tu madre está sin seso en oir
tu mal. No pudo venir a verte de turbada. Esfuerza tu fuerza, abiva tu corazón,
arréciate de manera que puedas tú conmigo ir a visitar a ella. Dime, ánima
mia, la causa de tu sentimiento.
Melibea quiere
subir con su apdre a la azotea para mirar el paisaje y los navíos, a ver si así
afloja su congoja. Pide que le traigan algún instrumento para acompañar el
canto y mitigar así su dolor. Pleberio pide a Lucrecia que le acompañe. Melibea llama
a ésta para comunicarle un mensaje que quiere enviar a su madre. Desde lo más
alto de la torreta, recita Melibea detalladamente a su padre, quien desde abajo
la escucha, sus tratos con Celestina, sus amoríos con Calisto y la muerte
del desdichado. Muerto su amor, sería injusto, añade, que ella siguiera
con vida.
¿Qué
crueldad sería, padre mío, muriendo él despeñado, que viviese yo penada?
Su muerte convida a la mía, comvídame y fuerza que sea presto, sin dilación,
muéstrame que ha de ser despeñada por seguirle en todo. y así contentarle he
en la muerte, pues no tube tiempo en la vida. ¡Oh mi amor y señor Calisto! Espérame,
ya voy; detente, si me esperas; no me incuses la tardanza que hago,dando esta
ultima cuenta a mi viejo padre, pues le debo mucho más. ¡Oh padre mio muy
amado! Ruégote, si amor en esta pasada y penosa vida me has tenido, que sean
juntas nuestras sepulturas: juntas nos hagan nuestras exequias. algunas
consolatorias palabras te diría antes de mi agradable fin ... veo tus
lágrimas malsufridas descender por tu arrugada faz. Salúdame a mi cara y
amada madre: sepa de ti largamente la triste razón porque muero ... gran dolor
llevo de mí, mayor de ti, muy mayor de mi vieja madre. Dios quede contigo
y con ella. A él ofrezco mi ánima. Pon tú en cobro este cuerpo, que allí
baxa.
AUTO XXI
Sumario:
PLEBERIO, tornado a su cámara con grandísímo
llanto, pregúntale ALISA, su muger, la causa de tan súpito mal. Cuéntale la
muerte de su hija MELIBEA, mostrándole el cuerpo della todo fecho pedaços,
y haziendo su planto, concluye.
Resumen: Pleberio vuelve a su cámara. Alisa le pregunta por qué está tan triste. Pleberio recita una larga lamentación. Lamenta el desengaño y la futilidad de su vida y su trabajo; la inutilidad de las riquezas que había almacenado en beneficio de su hija. Maldice a la fortuna por haberle privado del gran consuelo de su vejez, maldice el amor. Concluye con estas palabras:
Del
mundo me quejo, porque en sí me crió, porque no me dando vida, no
engendrara en él a Melibea; no nacida, no amara; no amando, cesara mi
quejosa y desconsolada postrimería. ¡O hmi compañera buena! ¡mi hija despedaçada!
¿Por qué no quisiste que estorbasse tu muerte? ¿Por qué no hubiste lástima
de tu querida y amada madre? ¿Por qué te mostraste tan cruel con tu viejo
padre? ¿Por qué me dexaste, quando yo te había de dexar? ¿Por qué me
dexaste penado? ¿Por qué me dexaste triste y solo in hac lachrymarum valle.
F
I N .
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