9) En "El casarse pronto y mal" de Larra, ¿qué valores, o falta de valores, respecto a la educación de los jóvenes se presentan aquí? Dé ejemplos o citas del texto para apoyar su respuesta.

Casey Boehm  

En “El casarse pronto y mal” Mariano José de Larra habla de la diferencia de la educación de dos países, España y Francia. En primer lugar, habla de la educación en España durante el siglo XVIII basada en la fe en Dios. Dice que, “en casa se rezaba diariamente el rosario, se leía la vida del santo, se oía misa todos los días, se trabajaba los de labor, se paseaba las tardes de los de guardar, se velaba hasta las diez, se estrenaba vestido el domingo de ramos, y andaba siempre señor padre, que entonces no se llamaba papá, con la mano más besada que reliquia vieja, y registrando los rincones de la casa, terroso de que las muchachas, ayudadad de su cuyo, hubiesen a las manos algún libro de los prohibidos, ni menos aquellas novelas que, como solía decir, a pretexto de inclinar a la virtud enseñan desnudo vicio.” Es decir, que los españoles son dependientes de las tradiciones y costumbres del pasado, y no tratan de hacer cosas nuevas ni tienen ideas, ni morales, ni valores que son diferentes que en el pasado. Los padres tienen control sobre todo lo que concierne a sus hijos, y por eso, ellos no pueden tomar decisiones por si mismos. Eso es doloroso para el bienestar de los hijos cuando crecen en adultos.

            Por otro lado Larra describe la educación en Francia durante el siglo XIX. La educación era muy liberal y basada en la amistad y confianza entre padres e hijos y en la creencia de que no hay una existencia de Dios. Larra nos describe a Augusto como “superficial, vano, presumido, orgulloso y terco” como resultado de esta educación. Esas características son perjudiciales en cada relación. Después de la salida de su esposa, Augusto le escribió una carta a su madre pidiendo que no críe a sus hijos como lo hizo con él porque la educación que él había recibido fue fatal y horrible. Dice, “Si no les podéis dar otra cosa mejor, no les quitéis una religión consoladora.”

            Larra opina que los dos tipos de educación son malos, y que ellos son de dos extremos. Debe ser un equilibrio entre la educación basada en la fe de Dios, y la educación donde no hay ningún Dios. Elena estaba harta de su vida que estaba basada en su fe, y Augusto nunca estaba contento con su vida después de su educación liberal. Los valores de cada educación son buenos, pero no significan nada cuando están solos. Debe ser un equilibrio entre las ideas ilustradas y las ideas basadas en las tradiciones del pasado.

 

Jessica Buchner  

En “El casarse pronto y mal” de Mariano José de Larra, hay dos  modelos de la educación.  El tradicional, que es basado en el catolicismos (y como dice Larra la hipocresía) de la iglesia, y el más liberal de Francia.  Dentro del tema de la educación aparece el de  la religión.  Larra critica la falsa religiosidad tradicional y su excesivo ritualismo:  

“es decir, que en casa se rezaba diariamente el rosario, se leía la  vida del santo, se oía misa todos los días, se trabajaba los de  labor, se paseaba (solo) las tardes de los de guardar, se velaba  hasta las diez, se estrenaba vestido el domingo de Ramos...”  

Por otro lado, hay critica el contrario también, con las palabras de  su hermana que viene de Francia “trayendo entre otras cosas noticias  ciertas de cómo no había Dios, porque eso se sabe en Francia de muy  buena tinta’.  

Al fin, creo que el problema es que el sobrino pasó de un tipo extremo de educación a otro sin asimilación, que lo conduciría a la pérdida de su matrimonio, y últimamente a su muerte.

 

Katie Van Huis

El narrador describe dos tipos de educación en la obra El casarse pronto y mal de Mariano José de Larra.  La primera es la de España – descrita como una educación estricta y muy religiosa: “en casa se rezaba diariamente el rosario, se leía la vida del santo, se oía misa todos los días” (302).  Y ésta fue la educación que su hermana recibió primero.  No obstante, ella también recibe una educación francesa, que causa que ella pase “del Año Cristiano a Pigault Lebrun, y [dejar] de misas y devociones” (302).  El aspecto religioso ha sido reemplazado por lo secular. Lo interesante es que al principio el narrador no dice que la francesa es tan peor como la español sino que “la segunda educación tenía tan malos cimientos como la primera” (302).

No obstante, el sobrino que recibe la educación francesa es descrito como “superficial, vano, presumido, orgulloso [y] terco” – obviamente no es una descripción lisonjera.  Y la joven que se casa con él, se describe como “personita muy bien educada” pero no sabe “gobernar una casa” (303).  El narrador parece decir que la educación no es solamente algo que se puede desarrollar al leer libros y al asistir a la escuela – sino también una buena educación desarrolla la vida, el saber hacer cosas cotidianas, por ejemplo.  Y si los jóvenes hubieran tenido una mejor educación, quizás no habrían tomado la decisión de casarse tan pronto, y el matrimonio no habría terminado tan mal.