La Posguerra.
Situación socio-económica y cultural:
La
Guerra Civil provoca un corte muy profundo con la tradición anterior: quedan
rotas o abandonadas las tendencias renovadoras y experimentales impulsadas por
Baroja, Unamuno o Valle-Inclán. Ni siquiera las propuestas más próximas de Pérez
de Ayala, Miró o Jarnés tienen continuadores. Parece como si la novela de
posguerra entroncara con el realismo del XIX, tendencia que ya se había
manifestado en los años inmediatos de pre-guerra (Sender), pero cuyos frutos
habían desaparecido de la circulación por causa de la censura. Una serie de
datos nos ayudan a configurar este panorama:
Para
el estudio dividiremos este amplio periodo en distintas etapas: Realismo
tremendista (1939-1950), Realismo social u objetivo (1951-1962) y superación
del realismo (1962-1975). Por último, estudiaremos alguno de los autores más
importantes que han surgido en los últimos años. Esta división no puede ser
estricta, ya que hay autores que van evolucionando (y nos los encontraremos en
diversas etapas) y otros que se escapan a todo tipo de encasillamiento.
La narrativa española de los 40: el realismo tremendista.
Aunque,
con relación al periodo de guerra, se amplían los temas tratados, estos son aún,
en palabras de Martínez Cachero,"años de convalecencia".
Si por estos años la vida cultural está cargada de notas triunfalistas, de deseos de evasión (en el teatro, principalmente) y de retornos al formalismo clásico (poesía), pronto aparecerá una literatura inquietante y hasta cargada de angustia: una poesía desarraigada (Blas de Otero, G. Celaya); novelas como La Familia de Pascual Duarte de Cela (1942) o Nada de Carmen Laforet (1945)... En esta línea, domina un enfoque existencial que suele ser producto de las posguerras.
Sin
embargo, tras el malestar vital, tras las angustias personales, percibimos unas
raíces sociales concretas, aun cuando los autores no tuvieran intención social
patente, cosa que tampoco permitía la censura.
Esta
época viene marcada por la desorientación, los múltiples tanteos (realismo
barojiano; novela psicológica, heroica, poética, simbólica...) en busca de un
cauce por el que pueda transcurrir una literatura acorde con los momentos que se
viven. La desorientación es aún mayor si recordamos la desconexión con el
pasado inmediatamente anterior: se "secuestran" las obras sociales de
"preguerra", se desconocen las obras de los exiliados; la novela
deshumanizada está muy lejos de los dramáticos momentos que se viven... Parece
que sólo Baroja conecta con las preocupaciones de estos autores.
Cela, con La familia de Pascual Duarte, agria visión de realidades míseras y brutales, inaugura el tremendismo: selección de los aspectos más duros de la vida. Tuvo un enorme éxito, y la fórmula se repitió hasta el abuso: no sólo en la obra de Cela, comienzo y cumbre de la tendencia, encontramos ese desquiciamiento de la realidad en un sentido violento o esa sistemática presentación de hechos desagradables e incluso repulsivos; hubo muchos seguidores: carga tremendista, en mayor o menor grado, hay en Delibes (La sombra del ciprés es alargada, si bien con una honda religiosidad) o Ana María Matute (Los Abel). Otros desvirtúan rápidamente el género (se "esperpentiza"). A finales de la década se pide moderación.
Las
crueldades de la guerra civil, tan recientes, tan difíciles de olvidar,
contribuyen a dicha moda. Moda que, según Tomás Borrás, no respondía a
"delectación por lo morboso, sino a propósito revulsivo".
Típico de esta novela será el reflejo amargo de la vida cotidiana, desde un enfoque existencial. Por eso los grandes temas son la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte. Abundan los personajes marginales y desarraigados, desorientados y angustiados. Todo ello revela un malestar que, en última instancia, es "social", aunque para algunos críticos no se pueda hablar de "novela social", sino "parasocial" (Gil Casado), puesto que lo que caracteriza a esta novela no son los problemas sociales en sí sino su transposición a la esfera de lo personal.
Como conclusión digamos que la situación de la novela en estos inicios de la posguerra era ya esperanzadora e incluso satisfactoria. Pese a la guerra, el exilio, la incomunicación, la censura, la escasez de papel y la sobra de traducciones, pese a la falta de maestros-modelos y de críticos orientadores, pese al desprestigio de lo estético, el género echó a andar (Martínez. Cachero): surgen escritores que alcanzarán diversa fortuna; hay lectores y editores; se fomentan los premios-concursos (Nadal). Al cabo de no muchos años el panorama había evolucionado claramente. La generación del medio siglo no partirá ya del cero absoluto.
Autores:
Camilo
José Cela. Considerado el iniciador del tremendismo (La familia de
Pascual Duarte, (1942). Esta obra fue el gran acontecimiento novelístico de
la posguerra, debido, en gran parte, al vacío existente. Se trata de un
experimento violento y amargo. La novela ilustra una concepción del hombre:
criatura arrastrada por la doble presión de la herencia y del medio social.
Pascual es un infeliz que casi no tiene otro remedio que ser, una y otra vez, un
criminal. Cela , en esta obra, se revela ya como un hábil constructor del
relato y un magistral prosista. Destaca por su manejo de los recursos lingüísticos,
por el uso de léxico rural, por la fuerza de sus descripciones, por la maestría
de los retratos...
Carmen
Laforet: Nada (1945) es su principal novela; es la historia de una
muchacha que ha ido a estudiar a Barcelona, donde vive con sus familiares en un
ambiente sórdido de mezquindad, de histeria, de ilusiones fracasadas, de vacío,
rodeada de personas desquiciadas por la guerra, y que al acabar el curso viaja a
Madrid "sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en
su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor". Por primera vez
tras la guerra, una parcela irrespirable de la realidad contemporánea, de lo
cotidiano, quedaba recogida implacablemente con un estilo desnudo, de trazo
firme y con un tono desesperantemente triste.
Miguel
Delibes es considerado como el máximo representante del realismo intimista.
Nos habla de tristeza y frustración en La sombra del ciprés es alargada (Premio
Nadal, 1947), pero les opone una resignación religiosa. es una novela con gran
preocupación humano-psicológica, bellas descripciones del paisaje y estilo
expresivo en los diálogos.
Otros
autores destacados son Antonio de Zunzunegui, Rafael García Serrano, G.
Torrente Ballester o Ignacio Agustí.
Info
de http://recursos.pnte.cfnavarra.es/mmuruza1/literatu/nov1940a.htm